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EL ADN DE DIOS




¡Hola a todos los lectores! Hoy quiero compartir con ustedes un tema apasionante que me ha impactado profundamente: el ADN de Dios. Sí, así como lo escuchan, tú y yo fuimos creados por Dios, y en cada uno de nosotros reside su ADN. Esta idea suena hermosa y poderosa, ¿verdad? Sin embargo, me pregunto, ¿por qué no nos funciona? La respuesta es simple: porque no lo hemos creído.


En la carta de Romanos, capítulo 12, versículos 4 y 5, encontramos una interesante analogía: "Así como nuestro cuerpo tiene muchas partes y cada parte tiene una función específica, el cuerpo de Cristo también. Nosotros somos las diversas partes de un solo cuerpo y nos pertenecemos unos a otros" (Romanos 12:4-5 NTV). Estas palabras nos revelan el propósito divino de funcionar como un cuerpo unido, pero como hijos de Dios, a menudo no hemos comprendido esta verdad fundamental.


El cuerpo de Cristo, la iglesia, está dividido. El egoísmo, el deseo de reconocimiento, la vanidad, la soberbia, el orgullo, el chisme y otros males similares nos han impedido llevar a cabo el propósito de Dios aquí en la tierra. Hemos subestimado el poder de la unidad y la responsabilidad de cuidarnos mutuamente. No hemos comprendido que somos como células que se unen para formar órganos, cada una con funciones distintas pero necesarias para cumplir un solo propósito: operar como un cuerpo.


A veces, nos sentimos insignificantes comparados con otros y nos desanimamos. No valoramos nuestra función y desconocemos la importancia que tenemos para que todo el cuerpo pueda cumplir su objetivo. Por ejemplo, en nuestra congregación, podríamos sentirnos menospreciados si estamos sirviendo en el parqueadero o encargándonos de la limpieza de los baños, mientras otros se destacan en la alabanza o están frente a un micrófono, o incluso como el propio pastor. Pero al pensar de esta manera, perdemos el enfoque y olvidamos que todas las partes son indispensables para que el servicio funcione correctamente.


También puedes leer nuestro artículo anterior: La Montaña


Ahora, reflexionemos un momento: si esto ocurre incluso en el contexto de un servicio religioso, ¿cómo será cuando nos unamos como cuerpos en el gran ejército de Dios aquí en la tierra? Imaginemos cuán poderosos seríamos si todos trabajáramos juntos para cumplir plenamente la labor encomendada por nuestro Padre: hacer que las cosas aquí en la tierra funcionen como funcionan en el cielo.


Recuerda esto: en ti y en mí está el ADN de nuestro Padre, llevamos su esencia y somos su herencia. Pero no es suficiente saberlo; debemos creerlo y desterrar la duda y la incredulidad de nuestras mentes. No fuimos creados para ser esclavos de sistemas financieros, educativos o religiosos. Nacimos para ser sujetos de Dios, mostrando su naturaleza y su amor al mundo.


Entonces, ¡sacúdete y renueva tu mente! Fuimos creados para multiplicarnos, gobernar la tierra y reflejar la imagen de nuestro Padre Celestial. Así que, demos un paso adelante, creyendo en nuestra identidad y propósito divinos. Juntos, podemos marcar la diferencia y transformar nuestro entorno con el amor y el poder de Dios.


Este blog fue escrito por Wilmer Lopez, inspirado en la prédica del 24 de junio de 2023. Espero que estas palabras te animen y te desafíen a vivir plenamente como hijo de Dios. ¡Hasta la próxima!

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