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¿Somos Semillas de Dios o Somos Semillas del Mundo?



Cuando nací, mi corazón llevaba la semilla del mundo, semilla de pecado, mentiras, engaños, borracheras, etc. y muchas otras. No entendía al punto de llegar un día a un momento tan desesperante de mi vida que deseaba solo tomar una decisión radical y era quitarme la vida.


Afortunadamente, alguien me compartió de un encuentro con la cruz y fue allí donde empecé a identificar qué semillas tenía en mí. Les contaré un poco de algunas de ellas:

  • Una semilla cayó en mi corazón (campo), esta me llevó a ver los deleites de la vida como algo que suplía mi necesidad; pero en realidad solo me traía más dolor, soledad, pecado, tristeza, frustración, etc.

  • Otra cayó en mi mente (al lado del camino) y dio fruto de duda, religiosidad, falta de entendimiento y cuando menos pensé tenía un corazón endurecido; por eso cuando venía una circunstancia adversa no creía en Dios. Aunque los que me rodeaban me hacían comentarios de acercarme a mi Padre Dios, yo no creía en él, todo lo veía mal, siempre mi corazón lo tenía cerrado a recibir lo bueno que Dios tenía para mí.

  • Otra cayó en mi alma cuando conseguí un súper empleo (entre espinos), ya que creí que el dinero era todo, eso me ayudó a alejarme más de Dios, a tener autosuficiencia, orgullo, vanagloria, en fin muchas cosas negativas que hicieron que viera a Dios muy lejos y sin necesitar de él.

Estos tres ejemplos fueron como esas semillas del mundo dieron su fruto en mí de una manera que no me ayudaba a avanzar, sino que destruía mi vida.


Cuando me compartieron de Cristo, y me contaron todo lo que había hecho por mí en la cruz, de cómo su amor me podría traer una verdadera libertad, sanidad física y espiritual (y muchas cosas más), en ese momento pude reconocer que tenía semillas incorrectas y que debía cambiar por una gran semilla que diera buen fruto. Pude entender cómo comenzar una vida nueva en Dios, con principios, valores, con amor; donde poco a poco, pude con mis actitudes y ejemplo llevar buenas semillas a mi familia, a mis amigos, y a cada persona a mi alrededor.


Hoy es tiempo de que tú también puedas tener semillas correctas, y puedas poner semillas en otros para que den vida a otros, y a otros así sucesivamente.

Les digo la verdad, el grano de trigo, a menos que sea sembrado en la tierra y muera, queda solo. Sin embargo, su muerte producirá muchos granos nuevos, una abundante cosecha de nuevas vidas.Juan 12:24 NTV


Conoce a Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, en toda su plenitud, No te arrepentirás, y dirás: ¡Wooo de todo esto me he perdido!


Escrito por Mario Hernández, basado en la prédica del 11/nov/2023

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