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Soy Su Templo: De la Religión a la Relación



En la historia de la humanidad, el concepto de "templo" ha tenido un papel central en la relación entre el ser humano y lo divino. Es el lugar donde buscamos la presencia de Dios, donde intentamos conectar con lo trascendental. Pero, ¿qué sucede cuando este lugar se convierte en un rito vacío, en una costumbre sin significado?


Hablemos de cómo un templo espectacular diseñado por Nuestro Padre Eterno perdió su verdadera esencia. Este templo se erigió para que todos pudieran disfrutar de la presencia de Dios, pero con una condición: la pureza. Dios es santo y no puede habitar con el pecado, por lo que estableció un sistema sacrificial. Las personas debían purificarse sacrificando un animal y derramando su sangre, un acto que simbolizaba el pago por sus pecados. Así, la sangre derramada daba vida y permitía a los seres humanos entrar en la casa de su Padre.


Sin embargo, algo cambió en el camino. Este sistema, en lugar de ser un medio para la intimidad con Dios, se convirtió en una religión vacía. La gente dejó de sentir el peso de su pecado y comenzó a buscar solo sus beneficios, no la presencia divina. El templo, en lugar de ser un medio para el encuentro con Dios, se convirtió en un ídolo en sí mismo, una representación física de la divinidad. Se preocuparon más por el edificio que por su contenido espiritual.


La relación de amor con el Padre se perdió, reemplazada por un enfoque en las bendiciones materiales. Los sacrificios y ofrendas se ofrecieron no por amor, sino por conveniencia. La confianza en el plan divino se desvaneció, y el orgullo tomó su lugar.


Pero, a pesar de todo esto, Dios nunca dejó de buscar al hombre. Su deseo es una relación íntima con nosotros. Ya no necesitamos rituales de sangre ni templos hechos por el hombre. Ahora, a través del sacrificio de su único Hijo, la sangre de Jesús, encontramos el perdón de nuestros pecados, la salvación y la vida eterna. La sangre es el símbolo de la vida, y en la sangre de Jesús encontramos la vida eterna.


Hoy, el templo somos tú y yo. Gracias a la sangre de Jesús, tenemos salvación y acceso directo al Padre. Dejemos atrás la religión vacía y abracemos la verdadera relación con Dios.


"Dios es tan rico en gracia y bondad que compró nuestra libertad con la sangre de su Hijo y perdonó nuestros pecados." - Efesios 1:7 (NTV)


Este mensaje se basa en la prédica del día 07 de octubre de 2023. Escrito por Víctor Preza


¡Comparte esta reflexión y ayuda a otros a encontrar la verdadera relación con Dios!


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