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¿Te Cuesta Recibir?

¿Te Cuesta Recibir?


A muchos de nosotros, los adultos, nos cuesta recibir, a diferencia de los niños. Ellos no vacilan si el regalo es grande o pequeño, caro o lujoso, o de quién venga; ellos lo reciben con alegría. ¿Por qué? Porque son niños y no tienen prejuicios para recibir.


El recibir es una acción que requiere tres elementos:


  1. El objeto o acción a dar.

  2. El receptor o el que recibe.

  3. El dador del objeto o la acción.


Tomemos como ejemplo el cuerpo humano. Todos los órganos (los receptores) reciben información, ya sea neuronal, hormonal o química (objeto o acción a dar), proveniente de la cabeza o cerebro, quien es el que da o dirige. Si los órganos no están conectados al cuerpo y a la cabeza, será imposible que reciban la información.


Recuerda que la cabeza es la encargada de dirigir al resto del cuerpo y de dar la información. La cabeza controla, dirige y alimenta al resto del cuerpo; esa es su función, la cabeza es la que gobierna. Los órganos no vacilan en recibir la información de la cabeza, ellos la reciben y sacan el mayor provecho de esa información.


Pero para recibir, hay alguien que decidió dar, y el mayor dador en la historia es Dios.


“Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. No hay condenación para todo el que cree en él, pero todo el que no cree en él ya ha sido condenado por no haber creído en el único Hijo de Dios.”

Juan 3:16-18 NTV


En este pasaje, podemos ver que el dador fue Dios, el regalo fue la salvación, el objeto del regalo (por así decirlo, no porque lo sea) fue Jesús y nosotros somos los receptores.


Pero para recibir ese regalo, hay una acción: creer. Debemos creer en él, creer en Jesús como nuestro salvador. Creer como un niño, sin la forma de pensar de un adulto que lo cuestiona todo. Aprende a recibir el regalo de la salvación sin cuestionar; es un regalo inmerecido dado por la cabeza, que es nuestro Padre Dios. Para que nuestra vida tenga un buen funcionamiento, tenemos que recibir constantemente la información de Dios. Dios desea que tú y yo vivamos como él desea que vivamos, que actuemos como él actúa, que digamos lo que él dice, que amemos como él ama.


Para reflexionar esta mañana: ¿Te cuesta recibir el regalo de la salvación? Recíbelo sin titubear. Dios te amó tanto que envió a Jesús, su regalo, a morir por ti, porque te ama. Recibe este regalo como un niño porque es un regalo que no merecíamos, pero que Dios, aun sin que lo mereciéramos, nos lo dio.


Escrito por Víctor Preza basado en la prédica del día 29/06/2024

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